EL CORREO ILUSTRADO
Fustiga desatinos de la alcaldía en el proyecto de la Villa Panamericana
Señor director: ¿La segunda ciudad mas importante de México, Guadalajara, para qué quiere un socio desarrollador que solamente aporta al capital de riesgo el 10 por ciento de la inversión total para construir la cuestionada Villa Panamericana?
El Proyecto Alameda ha sido una cadena de desatinos y malas decisiones, se pretendió realizar un programa de recuperación urbana, que son de largo plazo, con el proyecto de realización de la villa panamericana, que es de corto plazo, ambos con una simulación de planeación participativa.
Sin aplicar las técnicas como marco lógico o plan de negocios, al asignar proyectos directamente y concursar otros con absoluta falta de transparencia, con términos de referencia y bases de concursos deficientes, proceso que obtuvo proyectos que no tenían armonía entre sí mismos y con el contexto urbano.
El ayuntamiento llevó a cabo un obscuro procedimiento de licitación para obtener un socio desarrollador del cual solamente se presentaron dos postores, por lo cual debería haberse declarado desierto, sin embargo, el postor ganador condiciona su participación al cambiar totalmente el proyecto realizado con argumentos razonables. El municipio acepta, el desarrollador impone sus reglas, se cambia de proyecto, de fiduciario, se constituye en mayoría en el comité técnico del fideicomiso aportando solamente el 10 por ciento de la inversión, perdiendo el control el municipio.
El proyecto que presentó el desarrollador es económicamente, políticamente, socialmente, ecológicamente, históricamente y técnicamente, incorrecto, se apropia de vías publicas y de un parque público, para un proyecto privado, ubicando enormes y monótonos bloques de edificios en el corazón de la vieja alameda con un connotado perfil de vivienda de interés social del siglo pasado.
El riesgo comercial de este proyecto es muy alto, el vender tantos departamentos y metros cuadrados de oficinas y hotel en esta zona no será fácil, es evidente que el socio desarrollador inteligentemente no lo quiere asumir y se lo deja al municipio para que el estado compre las áreas de oficinas y probablemente pensiones del estado induzca la comercialización de las viviendas entre sus cuentahabientes, para convertir la zona en un complejo para burócratas.
Como es evidente, el negocio está en “la construcción”, bajo la simulación de un proyecto publico–privado, al socio desarrollador se le esta garantizando el contrato de obra millonario, con un participación accionaria del 10 por ciento sin licitación y concurso alguno del cual obtendrá importantes utilidades, el riesgo comercial pasa a segundo término, que lo asuma el municipio o el estado, “lo dicho, los riegos y las pérdidas las asume la sociedad, las utilidades la iniciativa privada”.
No está en riesgo el prestigio de la nación, de Jalisco o de Guadalajara, lo que está en disputa es realmente quien hará los negocios inmobiliarios con los Juegos Panamericanos.
Arq. J. Jesús García Rojas A. García Rojas y Asociados, S. C.
LA Jornada Jalisco
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